La redacción del EL MUNDO está tranquila esta mañana, algo raro a estas alturas de mes. Redactores y jefes de sección deberían estar gritando con el fin de acelerar el cierre de los magníficos suplementos de final de mes. Hoy reina un silencio, a veces roto. Todos ya lo sabemos, Umbral murió anoche alrededor de la una de la mañana en el Hospital Montepríncipe de Boadilla de Monte por un fallo cardiorrespiratorio. Tenía 72 años.
El escritor en vida fue una eminencia de las letras, el príncipe columnista. Como reconocimiento a toda una vida dedicada a su pluma, Francisco recogió varios galardones. El Premio Nadal (1975) por Las ninfas, Premio César Ruano de Periodismo (1980), Premio Mariano Cavia de Periodismo (1990), Premio de la Crítica de 1991 en narrativa castellana por Leyenda del César visionario, Premio Nacional de Periodismo (1994), El Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996, el Premio Cervantes de 2000, el Mesonero Romanos de Periodismo en 2003 y el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos.

Su aportación periodística a finales de los 70 y comienzo de los 80 fue especialmente imoportante. A través de sus entrevistas a -otrora desconocidos personajes sociales- Ágatha Ruiz de la Prada, Fabio McNamara o Andy Warholl, entre otros, ayudó a desarrollar el movimiento social y cultural más importante de la segunda mitad de siglo en España: La Movida Madrileña
Me tiro a la piscina llamándole ‘compañero’, pero es lo que éramos. Ambos trabajando en el diario EL MUNDO. Yo aprendiendo, él enseñando. Desde hace un mes exactamente Umbral ya no escribía. Por vacaciones y por imposibilidad. Estaba muy deteriorado para la edad que tenía.
Los placeres y los días
Su colaboración con el diario EL MUNDO se inició en 1990. Su última columna, titulada ‘Eugenio d’Ors’, fue publicada el 28 de julio de 2007.
La capilla ardiente será instalada hoy a partir de las 14:30 horas en el mismo hospital, donde es velado por su mujer, María España, y otros amigos en la más estricta intimidad. Umbral será incinerado mañana, miércoles, en La Almudena (Madrid), en una ceremonia civil, por expreso deseo del fallecido.
Con sus gafas de pasta, su bufanda blanca y esa voz atronadora, Umbral se afianzó durante su vida profesional como uno de los columnistas de mayor peso político y social.
Las plumas de España hoy lloran, se han quedado huérfanas de padre.


